
Con muchas ganas de comenzar con Charlas abiertas a la comunidad y desarrollar, desde un ambiente ameno, con música, recreos e invitados.
Estos encuentros proponen abrir preguntas que atraviesan la vida cotidiana, pero que pocas veces se piensan en profundidad. Desde “Cerebro y Tribu” se despliega una mirada que integra neurociencia, vínculos y cultura para comprender por qué somos como somos, cómo aprendemos, cómo nos relacionamos y por qué, muchas veces, eso que nos pasa no encaja en los discursos tradicionales.
Se abordan temas como el funcionamiento del cerebro en relación con otros, entendiendo que no hay desarrollo posible sin vínculo; las creencias, eso que pensamos sin darnos cuenta y que organiza nuestras decisiones, emociones y formas de estar en el mundo; y la salud mental, no como un fenómeno individual aislado, sino como el resultado de una trama compleja entre biología, historia y contexto.
También se abren espacios para pensar el lugar del sexo y los tabúes, poniendo en evidencia cómo el silencio, la vergüenza y lo no dicho educan tanto como aquello que se nombra. Se trabaja sobre los tiempos internos y las personas que no encajan en una sociedad acelerada, explorando qué sucede cuando el ritmo del entorno no coincide con el del cerebro. Y se profundiza en la comunicación y las emociones, para entender por qué muchas veces no logramos comprendernos incluso cuando creemos estar diciendo lo mismo.
Algunos encuentros se desarrollan en formato conversación con invitados, integrando distintas perspectivas sobre una misma temática y generando un espacio más abierto, dinámico y atravesado por la experiencia.
Las charlas combinan momentos de desarrollo conceptual con espacios de intercambio, habilitando la participación y el diálogo como parte central del proceso.
Son propuestas abiertas a la comunidad y pueden realizarse tanto de manera presencial como online.
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, estos espacios buscan incomodar lo suficiente como para empezar a mirar distinto. Porque entender el cerebro en relación con otros no es solo incorporar conocimiento: es cuestionar lo que damos por obvio, revisar nuestras prácticas y asumir que muchas de las categorías con las que pensamos la salud, la educación y los vínculos necesitan ser profundamente transformadas. Esa tensión —entre lo que sabemos, lo que creemos y lo que hacemos— es también el corazón de mis investigaciones, que no buscan confirmar certezas, sino abrir nuevas formas de pensar lo humano.
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